La obra de José Basso nos habla de una honestidad artística extrema al punto que toda su obra puede ser vista como el itinerario, una accesis, como una forma occidental y contemporánea de iluminación. A menudo su pintura puede provocar esa sensación límite de algo en que la perfección, de nuevo extrema casi hiriente, hace que lo sublime y el vacío, la humanidad y la abstracción absoluta de todo pensamiento o acción, lo rotundo del paisaje y de los signos y a la vez su absoluta inmaterialidad se haga presente de modo simultáneo.
Sus casas reiteradas, presentan esa careta vacía, esa sensación de que son esencias, pero también disfraces de casas porque nosotros mismos, sus espectadores, somos también una suma de figuras geométricas a las que sólo la ilusión nos hace creer que poseen una voz, una emotividad, unos sentimientos.
La obra de Basso toca precisamente esa suerte de esencia de la forma para después llenarla con todos los elementos de nuestro calvario, sueño o tragedia sobre la tierra. Como si quisiera decirnos que estas son las formas, que esta es la forma de una casa o del galpón que se ve a lo lejos en la ruta 68, de todos los galpones y casas posibles, pero que no será el cuadro quien les agregue el dorado del oro o la sangre del cordero, sino nuestras propias alegrías, pesares y sacrificios. La vacuidad que hemos construido, la hipocresía y renuncia, pero también el deseo inextirpable de habitar alguna vez una morada permanente, benefactora.
La obra de José Basso es, paradojalmente, el arrebato máximo de la emotividad y del abrazo. Pero es un abrazo que toca el trasfondo de un recuerdo, de una verdad apenas aflorada, con una luz particular que sin proponérselo será nuestra luz, nuestra verdad y sobre todo una forma de ascetismo. Es la luz que sobrevive a la muerte de la luz, es decir, a algo infinitamente más innombrable, más hondo, más oscuro, que la misma oscuridad. José Basso nos muestra aquí lo más entrañable, mudo y entumido de esa luz.
Raúl Zurita *
Fragmento del Texto JOSÉ BASSO Y VALPARAÍSO, Marzo de 2002
* Raúl Zurita, poeta y artista plástico. Premio Nacional de Literatura, 2001.